Incoherencia urbana (leer sin lentes)
El callejon que siempre fue un lugar temido para las jovenes adolecentes (que esperaban encontrar alli unos ojos demoniacos o unas garras azechantes) se convertia en otoño en confesionario, en las noches de verano era un motel, en invierno era la guarida de un gato y en primavera era el callejon de la alegria, se fumaba todo el tiempo.
La calle entera era un mundo y el mundo entero pasaba frente a ella, la calle dia a dia desmenuzada por suelas de zapatos colegiales y tacones de señoras bonitas con esposos millonarios y amantes pobres, albergaba aquel callejon escualido y largo que terminaba en la puerta de salida en caso de una emergencia en la universidad.
La universidad era un caos, multitudes de ojos y los ojos en las multitudes. Mitad hombres mitad esperanzas entraban y salian de sus puertas semiautomaticas comunmente empañadas en las horas de la mañana, perfectamente limpidas y translucidas en las horas de la tarde y casi invisibles en la noche.
La ciudad albergaba millones de autoparlantes, de sonrisas perdidas en la pantalla, de gemidos basicamente sexuales, de manecillas, de empaques desechables, de perros castrados, de impecables uniformes y fotos de familia, fotos de graduacion, champaña para los cumpleaños y los matrimonios, champaña para los funerales. La ciudad albergaba millones de muertos.
Y asi pasara el tiempo, llenando los espacios que antes estuvieron vacios, transformando hombres en fantasmas, fantasmas en estatuas, estatuas en ideas, ideas en dogmas, dogmas en leyes, leyes en revueltas, leyes en estereotipos, leyes en maneras de pensar, ideas en la tv, la tv en tus ideas, y cambia la manera en que caminas, y te vistes, y lloras, y amas.
Pero no cambia el paisaje.
lunes, mayo 17, 2004
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