domingo, mayo 02, 2004

Manifesto

Toda la vida han visto y aprendido a pensar a traves de sus enormes pantallas y renglones de prensa cientos de veces editados; desde donde ninguna idea de libertad se traspasa, donde los ojos inquinosos de genios magnates que alguna vez fueron hermosos niños soñadores (pero el deseo y la belleza innata del poder les termino seduciendo) seleccionan una tras otra cada palabra, cada imagen, cada historia.

Escuchan atentamente los consejos de sus padres mientras copian ciegos al pie de la letra sobre su propia sangre inocente y ambigua; cualidad que rebosa el comienzo de toda peregrinacion, sin importar el hemisferio, la direccion o la silueta de la huella que se deja al caminar, para aferrarse a ese legado-estirpe vacio e infundado (puesto que sus padres a su vez fueron corrompidos) cuando la naturaleza, maestra de todas las satiras e ironias les muestra un punto de fuga en el cual escapar de su mente cautiva (que despues de todo no es mas que un eslabon, un piñon suelto de la gigantezca entropia). Despues de todo su fuente innata, caotica y espiritual siempre ha tenido derecho a iluminarse.

Y ahi, obstinados con sus destellos informativos, con sus pergaminos malditos (malditos profetas, malditas legislaciones), pierden una tras otra la oportunidad de ser verdaderamente felices. Con arena de su propia playa han taponado sus ojos y ahora son incapaces de ver el mar. Bajo el candor del sol imponente y tirano buscan y mendigan amor entre las piedras, empalagosos, sucios, rastreros como caracoles, siento pena por el universo que ellos mismos se han creado.

Mis lagrimas rebozan el oceano y siento pena. Aunque tengan la verdad al alcance de sus manos, aunque con solo asomarse un segundo por la ventana y dejarse llevar por el brillo de la noche sea suficiente para liberarlos, les es superamente dificil apartar su deseo del centro de aquella unica y descuidada casa, alli donde alguien rompio una piñata, donde sin importar sobre quien o quien se quede sin nada, escarban ferozmente, sedados, para encontrar un dulce, el premio, el placebo, el simbolo de esclavitud absoluta.

Por esto siento enorme pena, mientras abrimos con mirada angelical el pequeño paquetico, el regalo, la sorpresa, somos inhumanamente engañados, nos hemos convertido todos en esclavos del ocaso.

Ivan Tinoco.

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